Destacadas figuras del cine japonés contemporáneo

La 63 edición del Festival de San Sebastián dedica una de sus retrospectivas al cine independiente japonés de los últimos 15 años. Más allá de las películas surgidas de los grandes estudios, el fenómeno del cine independiente en Japón ha generado un importante foco de creatividad cinematográfica que se manifiesta en una serie de películas producidas fuera de la industria. En esta categoría se encuentran los primeros trabajos de jóvenes directores, pero también los de una serie de consagrados cineastas que encuentran, en este territorio al margen del cine comercial, una mayor libertad expresiva.

Para ir abriendo boca este resumen de ese cine japonés contemporáneo.

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H/Story“(2001) de Nobuhiro Suwa

H/Story” es un drama autobiográfico en el que Nubuhiro Suwa realiza un remake contemporáneo de “Hiroshima, mon amour” de Alain Resnais al estilo Nouvelle Vague, cuestionándose la validez de sus imágenes y cuáles han sido las consecuencias que la catástrofe tuvo en la memoria colectiva de una ciudad y de un país.

El mismo Nubuhiro interpreta el papel del director, para lo cual forma un equipo de actores y actrices en su ciudad natal, Hiroshima. Entre dicho reparto se encuentra la francesa Béatrice Dalle, como protagonista, debiendo recitar el texto de Marguerite Duras, y ha de hacerlo tratando de aproximarse lo más posible a él. Ésta se niega a seguir las normas del director, hecho que supone en Suwa una inseguridad tal que comienza a cuestionarse su propia existencia como realizador de este remake. Todo se complica aún más cuando a medida que pasa el tiempo y los personajes tratan de incorporar sus nuevas identidades, Béatrice empieza a mostrar signos de pérdida memorística, dificultando así el proceso cinematográfico.

Cuando Nobuhiro Suwa se dio cuenta de que no podía hablar de la tragedia de su ciudad, sintió el deseo de hacer este film imposible que es “H/Story”, una meditación sobre la memoria que, con un profundo sentido de la composición, muestra la difícil experiencia creativa de una actriz, y confirma a Suwa como el principal cineasta de su generación.

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A Snake of June” (Rokugatsu no hebi, 2002) de Shinya Tsukamoto

Director de culto y protagonista de la escena alternativa japonesa del cine underground, uno de sus temas favoritos es la brutalidad de la vida moderna. También pone su talento al servicio de papeles tan fuertes como variados, alternando con cierta regularidad las labores de dirección con la interpretación, nutriéndose del cine de terror de los años 60 y de la cultura cyberpunk.

Referente por las historias que cuenta, por su capacidad para hacer estallar en la pantalla una violencia larvada y terrible, por su enorme facilidad para crear imágenes poderosas y su absoluta libertad creativa, fruto de sus orígenes en el teatro y el cine independiente. Cuida la fotografía, encargándose a veces personalmente, y explora todas las posibilidades de expresión cinematográfica, desde el cine mudo hasta la narración sincopada de la publicidad o incluso el baile, Tsukamoto ha hecho virtud de la falta de medios que ha afectado a algunas de sus películas gracias a un ingenio desbordante que, en muchas ocasiones, ha marcado muchos de sus logros.

A snake of June”, marca la transformación personal del director a través del descubrimiento de la sexualidad. Su materialización como historia se debe a “La historia del ojo”, una novela de George Bataille, inicialmente considerada  pornográfica; y en las fotografías de desnudos de Helmut Newton y Man Ray. Un material que la situaba a medio camino entre el erotismo y la pornografía, terreno donde confluyen la filosofía con el sadismo, la violencia y el arte. No obstante,  está muy lejos de ser un ensayo pornográfico para cinéfilos cultos aunque tenga bastantes escenas de altísimo voltaje erótico. “A snake of June” se encuentra en el terreno de las verdades evidentes, de las imágenes oníricas, apuntando directamente a los sentidos e incluso a los bajos instintos.

Es la historia de un matrimonio atípico de una joven, Rinko, que se dedica a atender un teléfono de ayuda, y un hombre mucho mayor que ella. La pareja no mantiene relaciones sexuales. Todo cambiará el día que la mujer recibe un sobre de un desconocido con fotografías de ella misma masturbándose, haciéndole chantaje. La entrada de este elemento extraño, un tercero en discordia en la atmósfera plácida de una relación acomodada, burguesa e intelectualizada actúa de catalizador de los deseos reprimidos de la mujer y remueve, por tanto, los cimientos mismos de la pareja.

La lluvia juega un papel central , omnipresente en todo el filme, empapa tanto las calles y el asfalto como el cuerpo de Rinko, siempre en la bañera o vestida con una corta minifalda bajo un aguacero. La lluvia, por otra parte, adopta en la película un fantasmagórico velo azul, fruto de la fotografía planificada por el mismo Tsukamoto, que hizo un negativo en color de la película, rodada originalmente en blanco y negro. A este velo líquido de tintes metálicos, se añade una planificación bastante diferente a sus anteriores películas, angulaciones más angostas, encuadres más cuidados y movimientos más sutiles. Tsukamoto parece querer entrar en la historia sin violentar a los personajes. La transformación, quizá porque la sufre una mujer, es menos violenta y hasta liberadora.

No faltan en el filme elementos fetichistas: el flash de la cámara de fotos, la minifalda con la que el chantajista viste a la protagonista; violentos: el enorme vibrador que debe comprar en el centro comercial; o irónicos: la escena en la tienda de frutas. A estos elementos debemos la mejor escena del filme, y la más subida de tono, donde Rinko se retuerce de placer en un callejón bajo la lluvia y los flashes de una cámara mientras su marido la observa desde la calle: una auténtica triangulación de todas posibilidades eróticas empezando por el voyeurismo.

Vemos en “A snake of june” el mismo desapego entre los personajes y la ciudad en la que habitan, entre la fascinación y el horror, que es la génesis de la mayor parte de los filmes del director japonés. Los protagonistas viven vidas asépticas en sus diminutos apartamentos, profundamente aislados del mundo que les rodea y separados por completo de sus instintos y hasta de sí mismos. La transformación que éstos viven, y en especial Rinko, les hace prescindir de estas barreras protectoras y es por esto que el encuentro con el propio cuerpo, la vida y el sexo lleva aparejado, en justo equilibrio, la contaminación, la enfermedad y la muerte. Según el director, la lluvia puede ser renovadora y dadora de vida, pero también hace que las cosas se pudran.

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Bright Future” (Akarui mirai, 2003) de Kiyoshi Kurosawa

“Siempre tengo sueños cuando duermo, sueños sobre el futuro, donde el futuro siempre brilla. Por eso siempre me ha gustado dormir”.

Así comienza “Bright Future” de Kiyoshi Kurosawa, oscuro y apasionante relato sobre dos jóvenes que viven en Tokio, empleados de una lavandería industrial. El vacío existencial de la juventud es una temática muy habitual en el cine japonés de las últimas décadas, el contraste existente entre una generación joven harta de la decadencia de la adulta que no la comprende. Dentro de este grupo está Kiyoshi Kurosawa. Sus personajes se suelen caracterizar por debatirse entre la materialidad absoluta y las obsesiones. Destaca por utilizar elementos de profundidad metafísica mezclados sin ningún rubor con el humor más absurdo. Aspectos que le da un inevitable cariz irreverentemente místico a sus trabajos.

En la cinta, Nimura es un joven que sueña habitualmente sobre un futuro mejor, rebosante de paz y esperanza. Por desgracia, desde hace poco tiempo ha dejado de tener estos dulces momentos oníricos, y las escasas veces que los tiene sólo ve oscuridad. Mamoru, al que conoce de trabajar en una lavandería industrial, tiene al cuidado una medusa venenosa a la que intenta aclimatar al agua dulce. Viendo la fascinación que siente su amigo por la Medusa, decide dársela a éste para que cuide de ella. Un pequeño incidente con la medusa provoca que el dúo abandone el empleo. Nimura recuerda que tiene que recuperar un CD de música que le había prestado a su jefe y se dirige al domicilio de éste. Al llegar, descubre el cadáver del empresario y su esposa, y todas las sospechas irán a parar hacia su compañero.

Bright Future” es un filme que transgrede algunas convenciones narrativas que no la hacen muy fácil de asimilar, ya que requieren de cierto grado de implicación emocional de nuestra parte. El director plantea cuestiones trascendentes como la situación del individuo frente a la sociedad, la paternidad y la carencia de ésta, pero lo hace sin tomar partido ni intentar juzgar los actos de sus personajes. Estos dan la sensación de estar faltos de emoción, sin embargo, conforme avanza la trama, y sin que  varíen su actitud, se perciben ciertos sentimientos en ellos que provocan empatía en la audiencia. El halo de trascendencia  durante casi todo el metraje viene acompañado de pequeños momentos irreverentes y desconcertantes, como la aparición de un grupo de vándalos, ataviados con unas camisetas con la cara del Che Guevara.

Nos encontramos con un ritmo que avanza lentamente, casi sin que lo percibamos, con la escasez de diálogos que suele acompañar al retrato de unas almas en pena que no encuentran su lugar en el mundo. Posee escenas de inusitada belleza cargadas de hipnotismo gracias a la presencia de las medusas, con el idílico aspecto que les caracteriza y la peculiar forma que tienen de desplazarse, mezclada con la peligrosidad de sus tentáculos. Los filmes de Kiyoshi no suelen tener unos colores muy marcados, acostumbran a estar teñidos de un blanco y negro permanente, utilizando los colores vivos para remarcar un acontecimiento y provocar la atención del espectador. En este caso, está filmado con una cámara digital, sorprendiendo en algunos momentos con un granulado exagerado y con una pantalla partida que utiliza cada vez que los personajes conducen un automóvil. Pese a su reducido presupuesto, los efectos especiales para recrear el tránsito de las medusas en las aguas de Tokyo devienen en una de las situaciones más bellas de la película.

Bright Future” es una obra misteriosa, cargada de nihilismo, lirismo y ambigüedad, que puede dar lugar a un sinfín de interpretaciones gracias a la multitud de símbolos presentes a lo largo de la narración.

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Vibrator“ (2003) de Ryuichi Hiroki

Votada por los críticos del diario Eiga Geijutsu como la mejor película japonesa del año 2003, nos habla de una joven que acude a una tienda y se encapricha de un camionero. Rei es periodista, sufre de bulimia y anorexia: se mata de hambre y luego vomita. No puede dormir porque siente voces en su cabeza y para silenciarlas bebe alcohol en grandes cantidades. Conoce casualmente a Takatoshi, camionero, ex yakuza y ex proxeneta, quien, entre los múltiples transportes que realiza, traslada heroína hacia distintas ciudades.

La brecha cultural que existe entre los dos al pertenecer a mundos opuestos e incompatibles se unifica con el sexo y Rei le pide a Takatoshi que le lleve consigo en su camión. Al comienzo todo es intensidad, pasión, energía. La alegre banda sonora y una hermosa fotografía auguran una “road movie” apacible y risueña. Pero al rato comienzan a surgir las dudas. Lo que parecía una luminosa amalgama de sentimientos pronto dejará asomar facetas terribles. El director Ryuichi Hiroki expone cómo un amor profundo puede unir a dos personas o separarlas de acuerdo a las circunstancias. Aunque hermosa, la relación entre Takatoshi y Rei parece condenada. Con recursos novedosos como expresar los pensamientos de la protagonista desde una voz en off o con intertítulos que aparecen circunstancialmente, insertos en un fondo negro. Hiroki comenzó su carrera filmando películas “pinku eiga” (porno suave), género popular al que muchos aprendices de cineasta veían como vehículo para acceder a la industria. Filmó películas gay y sadomasoquistas, que ha ido abandonando. Hoy sus obras nos dejan un sabor agridulce, alternando momentos vitales y agradables con picos de dramatismo. Muestra caracteres femeninos excéntricos o psicológicamente inestables que al respetar su complejidad logra que se vuelvan sumamente queribles y presentando aspectos en los que cualquiera podría verse reflejado. Son mujeres que suelen desplegar su sexualidad en forma madura, sin complejo de culpa, aprendiendo de sus experiencias y creciendo a partir de ellas. El paso de Hiroki por el “pinku eiga” deja claras huellas en “Vibrator”: las escenas de sexo se prolongan bastante, están filmadas desde una cercanía atípica y son sumamente elocuentes sobre el estado anímico de los personajes.

Su título: “Vibrator”, nos habla del teléfono móvil de Rei que vibra a la altura de su corazón, justo en el momento en que Takatoshi la toca por primera vez o de la carcasa del camión como un gran vibrador que contiene y representa un universo llamativo, lleno de fantasías.

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Bashing” (2005) de Masahiro Kobayashi

Sus primeros filmes, tributarios de la Nouvelle Vague, han despertado cierto culto cinéfilo, si bien en títulos recientes como “Bashing” (2005) y “The Rebirth” (2007) muestra una austeridad y sensibilidad extraordinarias para esbozar profundas críticas sociales del Japón contemporáneo.

Cuando la crítica a la competitividad y al supuesto etnocentrismo de la sociedad japonesa proviene de miradas occidentales, suele caer en la estadística y en el fraseo sociológico. Por esta razón “Bashing”, del director japonés Masahiro Kobayashi, tiene como primer valor la puesta en escena sutil y verosímil de un caso que denuncia esas maneras de sofocar la individualidad.

La joven cooperante Yuko regresa a Japón tras ser liberada por sus secuestradores, que la habían raptado en Oriente Medio. Al principio recibe mucha atención mediática internacional, pero a los pocos meses la sociedad japonesa parece volverse en su contra, considerándola como un motivo de vergüenza nacional, y Yuko comienza a ser insultada y recibir anónimos amenazadores…

Kobayashi se basa en la historia real de una joven japonesa que es tomada como rehén en Iraq, y vuelve a su país sólo para enfrentarse con el repudio de sus familiares y amigos. Los que la rodean rechazan tanto sus motivos de partida: realizar trabajo humanitario, es decir, “privar” a su propio país del esfuerzo que le demanda; como también la deshonra tácita de una mujer en prisión.

Plantea la relatividad cultural de un valor como la libertad.

 

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Birth/Mother“(Tarachime, 2006) de Naomi Kawase 

Sus trabajos son de corte aparentemente documental con un interés por la autobiografía, ya que la mayor parte de sus primeros cortometrajes se centran en la historia de su familia, su abandono y la muerte de su padre.

Kawase adoptó su propia historia como materia-prima de sus producciones que, principalmente en el comienzo, son como diarios filmados. Como ella misma comenta, el cine es su forma de relacionarse con la vida, el reconocimiento del hecho de vivir en sí. Naomi prescinde de la visión global del mundo y describe las cosas a partir de su conexión con ellas. Construyendo un nuevo universo que emana de sus sensaciones y sentimientos, la idea de Kawase es ver con qué elementos sonoros, verbales y físicos se puede reconstruir una emoción fijada en el recuerdo de uno.

Le interesa el espacio distorsionado entre ficción y no ficción que se ha producido en el estado de la sociedad japonesa moderna. Desafía las representaciones de las mujeres que prevalece dentro de la industria del cine japonés dominado por los hombres

En “Tarachime”, Naomi filma el parto de su bebé y, una vez más, su relación con la tía-abuela, entonces con 92 años, la permanencia y simultáneamente la renovación de la vida a través de una corriente de afectos, y el movimiento del tiempo guiando todo eso: el candor espiritual en el cuerpo arrugado de la abuela, la luminosidad en el cuerpo del bebé.

Con planos invasivamente cerrados, aparecen los rostros, la piel arrugada y la joven. La muerte de su abuela la lleva hacia una cuenta regresiva al momento de su parto, que termina siendo, a su vez, el primer plano del film, completando y expandiendo así el ciclo.

Mientras que muchos diálogos y el entrelazamiento de planos desde el montaje generan un efecto poético, ciertos intercambios en el medio del film se ponen agresivos hasta llegar a un cierto nivel de sadismo (no tanto por la discusión en sí, sino por el hecho de estar grabándola y que la cámara sólo apunta hacia la anciana). Antes y después, el film funciona también como homenaje a la abuela, pero, es en este punto donde Kawase camina sobre una línea extremadamente fina entre la huella, el documento poetizado, y un exceso de exhibicionismo.

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Love Exposure” (Ai no mukidashi, 2008) de Shion Sono

La película es una visión crítica, rodada con extrema ironía, de las religiones, en particular del cristianismo.

Yu es un adolescente que se ha criado en el seno de una familia muy cristiana. Recién ordenado sacerdote, su padre le obliga a confesar sus pecados, que él comete buscando la aprobación paterna. Yu se dedica diligentemente a obrar mal, hasta que sus fotos a hurtadillas de bragas de chicas lo catapultan a la fama. Pero entonces conoce a Yoko y se ve envuelto en una misteriosa secta…

Es una visión muy personal y diferente sobre la religión, el sexo y algo de filosofía que en sus cuatro horas de duración mezcla muy bien todos los géneros posibles: humor (cuando van fotografiando las bragas de las chicas), acción (aprendiendo kung fu para sacar las fotos), drama (sobretodo en el final y en las escenas de separación), romance, sexo (con algunas escenas muy sensuales, incluso lésbicas), surrealismo (con las escenas de sueños)… y enseñándonos en todo momento, mucho gamberrismo, burla, humillación y algo de reflexión. Con una buena fotografía y una producción que no usa ningún tipo de efectos especiales, visuales, ni de maquillaje, pero que tampoco los necesita, creando algo muy irónico y artificial sin recurrir a recursos fáciles; usando siempre el mismo tipo de música: el bolero de Ravel para toda la primera parte, algunos cánticos religiosos para los momentos más místicos y algo de música más dura para las escenas de acción y presentación del personaje de la punk; pero sobretodo, siguiendo el mismo hilo conductor, tanto en música como en imagen durante toda la película. Todo transcurre con una inusual normalidad. Es un film con una clara naturaleza alucinatoria y que centra sus esfuerzos en articular un discurso, en clave festiva, en un primer tramo para pasar a una escala más solemne y dramática, sobre cómo la religión manifiesta la insuficiencia de la razón en la lucha del hombre por sostenerse en el mundo.

En este misticismo también se construye un romanticismo que juega con la ambigüedad esquiva de la imagen. Es decir, Sion Sono construye un amor que navega en las ideas, por tanto, nada físico. Yu, en un claro complejo de Edipo nada disimulado, mediante la imagen icónica de la Virgen María, se enamora perdidamente de Yoko, creyendo encontrar en ella, esa imagen pura de mujer que ha construido desde su infancia. Yoko se enamora de Sasori (Yu travestido) en los mismos términos. Fruto de su desprecio a los hombres y bajo el paraguas de su concepción platónica del amor. En el que entiende que el amado debe venir al rescate. Que ese amor se traduzca en instantáneas erecciones en el caso de Yu o que en el caso de Yoko le haga dudar de su identidad sexual, no vincula este sentimentalismo al aspecto terrenal del cuerpo. Al contrario, sigue inalterable la coherencia. Ya que, en el caso de Yu, es evidente la actitud gamberra y provocativa, un tanto naïf e inocente, de relacionar iconos religiosos con erecciones. Con ello, haciendo uso del sarcasmo, desacraliza el aspecto católico, a la vez que le pierde el respeto.

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Esta voluntad, de centrarse en la espiritualidad exacerbada como una supra realidad que condiciona las voluntades de sus personajes, es la que le permite articular un nervio basado en el delirio y la excentricidad y, sobre ellas, sustenta las partes cómicas  y la parte romántica, la cual nos conduce inexorablemente a un amor loco. De esta manera, se llevan hasta el paroxismo las situaciones tratadas y se estiran hasta la extenuación los planteamientos.

Compleja pero tremendamente accesible, excesiva, iconoclasta, salvaje, moderna e hipnótica. “Love Exposure” es una obra maestra impactante y poco convencional que ha sido premiada en la mayoría de festivales donde ha participado (a destacar el Premio FIPRESCI obtenido en el Festival de Berlín) y que está considerada internacionalmente como una de las 10 Mejores películas del 2008. Está historia de amor épica del irreverente director de culto Sion Sono, es una visión sarcástica y crítica de los valores del mundo juvenil.

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