“Yo hago un cine que no da la espalda al público” Pepa San Martín

Pepa San Martín viene deprisa, con el pelo ensortijado y sonriente bajo el cielo lluvioso donostiarra. Viene descansada y con ganas de hablar y compartir. Rara ya se ha llevado el premio Sebastiane Latino y opta a ganar el premio Sebastiane 2016, Pepa se sienta y nos mira y nosotros atacamos.

¿Quién es la Rara de la película?

Definitivamente la sociedad (se ríe). La rara es la sociedad que todavía no entiende la normalidad que se esconde en la cotidianidad de una pareja del mismo sexo.

Rara es una película luminosa, en la que la relación de las madres de la protagonista es mostrada con toda normalidad. ¿Es Chile tan abierto y tolerante con estas familias?

No obviamente no, pero esas familias existen. Yo quería mostrar esa normalidad en la película. Una relación lésbica sin traumas, con amor, y sin excesos ni estridencias. Intentamos huir de estridencias sexuales y demás porque nos interesaba mostrar ese sentimiento de la niña protagonista, de entender que su realidad es diferente y que por ello se siente incómoda. Además me apetecía hablar de intimidad, de lo que sucede de puertas para adentro, casi todos los planos están grabados en interiores, con mucha luz.

Rara trata de una niña-adolescente que sufre ciertos complejos interiores a la hora de naturalizar la relación de su madre con otra mujer. En una especie de homofobia interna, me gusta ese concepto, en el que a pesar de aceptar lo que le sucede no puede dejar de sentir vergüenza a la hora de realizar su fiesta de cumpleaños en casa. No se avergüenza de sus padres, sino de lo que puedan decir sus compañeros, de que puedan hacerla sentir rara. Es un proceso lógico de cualquier adolescente pero aquí esa rebeldía se muestra en esa especie de rechazo interior a lo que ve.

Pepa San Martín, directora de Rara
Pepa San Martín, directora de Rara

¿Cómo esperas que sea acogida en las salas chilenas?

Pues en realidad ya nos sentimos  triunfadoras, es la primera vez que una película con esta temática es calibrada para mayores de siete años en Chile, no sé de qué manera conseguimos engañarlos. Pero es importante que puedas ir al cine con tu familia, con tus hijos y enfrentarte a estas realidades y ver que la felicidad es igual en todas partes. Y que todas las familias se ríen, discuten y se pillan berrinches de la misma manera.

Hablemos de los personajes, del núcleo familiar de la protagonista.

La historia, está basada en un caso real, muy libremente. Intento que los padres de la protagonista no sean vistos como muñecos maniqueos, de buenos y malos. De hecho mi idea es que todos fueran  buenos, al fin y al cabo se supone que es la visión de la hija la que nos lleva por la historia. Las madres creen que tienen el trabajo hecho con su hija, que tiene que aceptar su realidad y ya está. El padre nunca se muestra contrario a lo que sucede en casa de las madres hasta que su hija le inmiscuye en la nueva intimidad familiar. Todos intentan dar la mejor versión de sí mismo hasta que el drama se desata.

Me interesaba mostrar una realidad a la que las leyes todavía dan la espalda. En Chile recién conseguimos el derecho a la unión civil, pero no existe ninguna ley que hable o proteja los derechos de las parejas de las madres biológicas. Pero que las leyes no existan no significan que las familias no lo hagan. Ya hay hijos de familias cuyos padres son del mismo sexo, pero no hay ninguna ley que regule que sucede con esos niños en caso de separación. Es como si tuviésemos que esperar la ley para conformar la familia, una idea kafkiana y absurda. No tanto por el derecho de los progenitores, sino por los del propio niño, que se ha criado en un núcleo familiar y en el momento del desastre tiene que renunciar a uno de sus padres porque desde las altas instancias se le dice “ei, tu madre es la que te ha parido, la otra no es nadie”, como le explicas a un hijo unido emocionalmente a esa madre no biológica que las justicia dice que no puede verle más.

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Háblanos un poco de la jueza y el caso que inspiró la película.

En Chile es un caso muy famoso, en la que una pareja de jueces decidió separarse y ella recomenzó su vida con una nueva mujer. Y el ex-marido acabó pidiendo y consiguiendo la custodia de las niñas. Porque los jueces decían, entre ser madre y ser lesbiana usted ha decidido ser lesbiana, opta por su vida sexual en vez la maternal. Unos señores que están sentados ahí arriba, que parece que no conocen la realidad de lo que sucede en la calle son los que deciden las leyes.

Finalmente ella ganó el recurso final impuesto ante el tribunal americano pero entre el comienzo del juicio y la resolución final pasaron doce años, perdiéndose la infancia y adolescencia de sus hijos. Finalmente ganó, pero ¿ganó?

¿Y el personaje de Lia?

Es un personaje curioso, porque ella es la actual pareja de la mujer separada. La madrastra, que no sabe muy bien hasta donde puede involucrarse en un conflicto entre un ex matrimonio. Al final hablando con ella me comentó que su papel era el de relajar el ambiente cuando la cosa estaba tensa. Es un terreno peliagudo porque ¿hasta dónde tiene derecho a meterse una madrastra en un conflicto entre padres e hijos? Además que ella es la única que no tiene derechos reales sobre las dos niñas.

Mientras en Europa podemos contar con los dedos de una mano el número de mujeres que hablan de este tipo de realidades en el cine, en general de mujeres dentro del cine, en américa latina en los últimos años está habiendo una ola de cine, muy pegado a la calle y que además es estéticamente muy interesante. ¿Crees que hay una especie de nouvelle vague latina?

Sinceramente sí. Creo que estamos en un momento en el que el cine latino ha dejado de mirarse el ombligo, de ser un cine hecho para cineastas para contar historias de lo que nos está sucediendo. En donde la emoción y la crítica no está reñida con la intelectualidad. En donde se cuentan cosas pegadas a la calle pero sin renunciar a la belleza de la vida. Yo como homosexual claro que habré pasado malos momentos, pero si miro atrás nada de lo que me sucedió fue jamás tan terrible. Es importante que no nos olvidemos que la belleza de las cosas y el disfrute de la vida también están ahí. Ser gay no significa haber vivido oprimido siempre. No veo que tú hayas sufrido demasiado por ser como eres.

Pues la verdad que yo he podido disfrutar bastante bien de mi vida.

A eso me refiero. Yo hago un cine que no da la espalda al público, no quiero hacer cine para resabiados, quiero hacerlo para que la gente llene las salas. De ahí lo convencional del montaje de la película. Lo subversivo sucede en la cabeza del espectador es la reflexión a posteriori. A ratos el filme es hasta naíf. Hago cine para disfrutar como yo disfruto de la vida, pero no dándole la espalda a la realidad.

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Pepa San Martín, directora de Rara

¿Es difícil hacer cine siendo mujer? De repente se acerca Macarena López productora de Rara y toma la palabra.

Ya hacer cine siendo mujer es difícil en cualquier parte parece que nuestro papel está en maquillaje, scripts…

Allá donde vamos en los festivales siempre somos minoría, de alguna forma el desarrollo del cine nos ha llevado a que la mujer ocupe otro rol. Eso está cambiando en Chile hemos encontrado una manera de hacer cine con equipos de mujeres, pero somos las menos Marialy Rivas, Maite Alberdi, Alicia Scherson… se pueden contar con los dedos de una mano.

Sí, en Chile, pero es que en Europa en todo el continente puedes contar con los dedos de una mano a todas la directoras.

Y nosotras nos quejábamos Pepa.

Se ríen las dos.

Mira yo como directora nunca esperé a que me dieran permiso, ni a leyes de cuotas ni nada. Nunca pensamos en como debíamos hacer las cosas, sólo sabíamos qué queríamos hacer. Así que sin pensarlo mucho nos hicimos nuestro hueco a codazos. No te preguntas mucho, simplemente avanzas. Cómo vamos a esperar a que el gobierno nos dé permiso si no creemos en ellos.

Macarena Lopez añade

Los cineastas hombres chilenos han dejado de lado los sentimientos en sus películas, hacían una producción muy interesante, pero muy fría intelectual., pero claro esas mujeres han sabido unir esa intelectualidad a la emoción. Una película puede ser inteligente y emocionar.

Es curioso que en las últimas películas que vienen desde allá se pase la mirada de la realidad por el filtro de los niños y adolescentes.

Es la esperanza en la nueva generación, porque nuestra generación ya está perdida.

Texto Lander Bergés

Fotografía Aritz Dendategi

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