2018 Sebastiane Latino

La emoción en la Tinta Bruta

Dirección y guión de Filipe Matzembacher y Marcio Reolon que también dirigieron y guionizaron en el 2015 Beira Mar/La orilla

Aunque hay que reconocer que es el perfil de película LGTB que gusta en la Berlinale, el Festival Internacional de Cine de Berlín, “Tinta bruta” es un film interesante por muchas razones.

Cuenta una historia de superación y de lucha contra las adversidades de alguien que no se rinde y que busca sus propias soluciones a los problemas que le plantea la vida.

El guión muy bien llevado nos muestra unos personajes muy ricos en matices. Tenemos a Pedro, un inadaptado que no sabe amoldarse a los códigos sociales establecidos, inadaptado porque ha sido expulsado del colegio al protagonizar una brutal agresión, inadaptado porque es incapaz de adoptar una supuesta buena presencia y apariencia ante el juez, inadaptado por ser reacio a la amabilidad, sonrisas y comunicación superfluas de la sociedad e inadaptado porque elige un trabajo aislado y sin contacto directo con el cliente… sencillamente un bicho raro.

Pero la realidad es otra. Pedro es un luchador continuo que se adapta perfectamente, pero a su manera, a todo lo que le surge: él no se ajusta al típico acosado por bullying al responder violentamente a la agresión; tiene una fobia, pero se enfrenta a ella saliendo a la calle unos pocos minutos al día, aunque no tenga a nadie que le acompañe, va a fiestas para intentar superar los celos sociales por la persona que empieza a amar; es un luchador porque ante una competencia desleal en el trabajo sabe atraer y sumar en beneficio mutuo al competidor; logra encontrar en una situación de peligro posibles soluciones ya sea el diálogo negociador, la ayuda exterior, la agresión física o la huida. En definitiva consigue sobrevivir a todos los abandonos en un grito final de libertad.

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Además de inadaptación, abandono y superación este film habla de amor. El amor visto siempre desde dos ángulos: el de los demás y el de Pedro. El amor fraternal de la hermana que se va para aprovechar su oportunidad y el de Pedro que con dolor la deja volar; el amor pasional de su amante Leo que vive el día a día y no duda en marcharse para vivir una aventura incierta a pesar de que su ser querido no puede seguirlo por cuestiones judiciales y el del supremo esfuerzo de Pedro para dulcificar el desgarro de la ruptura y superar el dolor buscando un sustituto aunque devenga en una solución fallida; el amor sereno de la abuela, ángel azotado por momentos de tremenda ausencia y el de Pedro compresivo de no poder alcanzar ese cielo sometido a golpes de olas en una especie de mar de Alzheimer. El amor de Pedro está siempre vivo de sentimientos, a la expectativa y el de los demás, sujeto a los convencionalismos sociales motivados por el máximo rendimiento en esta vida.

La estética es un elemento que empapa de una especial personalidad a esta película en el ambiente que rodea a los protagonistas, el color siempre presente y los desnudos.

Nos presentan un entorno frío, con esa vivienda desolada y ese paisaje de ventanas abiertas pero vacías que rodean como una cárcel a la que Pedro se sobrepone con el neón con el que pinta su cuerpo.  

El color es un elemento que define de forma fundamental a los protagonistas. Ante un Leo que se pinta de manera atractiva, comercial y estéticamente bella dentro de los patrones del “body paint”, conocido movimiento artístico contemporáneo del finales del siglo XX y disfruta de la sensualidad, el hedonismo y la plasticidad lúdica de la danza en su bello cuerpo se nos contrapone Pedro. Él se pinta anárquicamente, desde el sentimiento atávico del hombre prehistórico, se viste con los colores, protege con ellos su desgarbado cuerpo, dignifica su vida desde sus entrañas, la profundidad de su interior no necesita normas. Mientras que Leo pinta su cuerpo, Pedro impregna su alma.

Muy encomiable el tratamiento de la desnudez de una naturalidad sorprendente acostumbrados como estamos a los malabarismos a los que nos tienen habituados los directores para que no se consiga ver ni un centímetro de piel supuestamente indecorosa.

En resumen una historia que nos habla de superación, de lucha contra la adversidad, de búsqueda de uno mismo lejos de los convencionalismos sociales, en definitiva un grito a la libertad. Obtuvo en el Festival Internacional de Cine de Berlín el Teddy Award al mejor largometraje así como el Premio Maguey como mejor película en el Festival de Guadalajara.

“Tinta bruta” habla de muchas cosas pero un eje fundamental en la trama es la pintura corporal de los protagonistas. El denominado “Body Art” está ligado al arte conceptual acaecido en la década de los 60 del siglo XX. Nació como noción para denominar un tipo exclusivo de comportamiento artístico, sintetizado por la revista Avalanche, llevado a cabo, entre finales de los sesenta y principios de los setenta en Estados Unidos, por artistas como Vito Acconci, Chris Burden, Bruce Nauman o Dennis Oppenheim. Dentro del Body Art han confluido las más variadas formas de presentación artística: happenings, performances, arte de acción, arte de comportamiento, body painting, etc.

PAg 21 Alexa

La pintura corporal o body painting: es una pintura artística aplicada sobre la piel y se considera como una de las primeras formas de expresión plástica utilizadas por los primeros hombres. Una de las especificidades que nos hacen diferentes de los animales es la utilización del arte para expresarnos y del lenguaje para comunicarnos. La literatura trabaja con conceptos abstractos por lo que podemos pensar que sus técnicas son más modernas en la historia del hombre que la escultura o la pintura que son más concretas, más materiales. Así pasamos de la escultura o la pintura sobre elementos externos al mismo hombre. Pintar paredes, telas o superficies varias también se puede decir que son algo más “sofisticadas” que la pintura del cuerpo mismo.

¿Qué es lo que empuja al ser humano a pintarse el cuerpo? Claramente el poder. La capacidad de cambiar conscientemente la forma indica una forma de poder y el ser humano siempre ha creado un receptáculo del máximo poder al que ha llamado Dios. Dios es el poder máximo y transformar el propio cuerpo pintándolo nos acerca a ese símbolo del máximo poder, a Dios.

El hombre deja de ser humano para transformarse en divino mediante la pintura corporal.

El hombre primitivo, brujo, hechicero, hombre mágico, mediante la pintura corporal dejaba de ser humano para convertirse en vehículo de los dioses.

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Por último  el artista Chino Liu Bolin, la australiana Emma Hack, la estadounidense Trina Merry o la venezolana Cecilia Paredes serían un ejemplo espectacular de pintura corporal de llamemoslo camuflaje total o invisibilización. Un caso algo distinto es el italiano Johannes Stötter que crea objetos o animales a partir de cuerpos humanos pintados, aunque tal vez lo que más se acerca a un proceso en sentido más “artísitico” sería Alexa Meade pintando cuadros sobre personas con sus fabulosas “Pool of milk” (Piscinas de leche).

 

El poder sobre el otro, sobre la vida y la muerte del otro, pinturas de guerra, desde los indígenas americanos hasta las tribus que habitaban Inglaterra o los camuflajes militares actuales.

¿Y  los tatuajes, pinta-uñas, pintalabios, sombras de ojos y demás pinturas con que adornamos nuestros cuerpos, no son una forma de cautivar al otro de tenerlo sujeto mediante el poder de atracción que motivamos?

 

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