2018

I HATE NY: “Este documental trata de abrir nuevos discursos (…) ojalá lo vean personas mayores y gente que no tiene acceso a estas realidades”

I Hate New York comenzó como un proyecto atípico, partiendo del propio instinto personal de su director, Gustavo Sánchez, quien estuvo rodándolo durante un periplo de diez años. Empezó siendo un documental filmado en el Nueva York post 11 de septiembre, una película que reflejara cómo había afectado el atentado de las torres gemelas a la creación artística del underground, y finalmente se ha convertido en una historia sobre cómo cuatro artistas y activistas transgénero han desarrollado su arte, sus fobias y sus filias en un mundo que las rechaza. Amanda Lepore, Chloe Dzubilo, Sophia Lamar y T De Long son sus nombres, y Nueva York, su ciudad.

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Gustavo tras diez años Nueva York también se ha convertido en tu ciudad, seguro, pero ¿Cuál fue la semillita que te hizo saltar el charco y volar hasta la ciudad de las ciudades?

La inconformidad con el entorno que me rodeaba. Yo he crecido en Úbeda que es una ciudad pequeña  y el acceso a la cultura no era algo tan sencillo como lo es en la grandes ciudades. Siempre he tenido la sensación de estar asediado por la cultura mainstream y que a la cultura más underground costaba más acceder. Recuerdo que compraba discos por catálogo que venían desde Londres, de cine procuraba verlo todo, desde muy pequeño siempre he sido muy activo en cuanto a documentarme y a explorar. Estudié Comunicación Audiovisual y Filología Hispánica. Y después de ver Tarnation…

¿Tarnation?

¿No lo has visto? Te lo recomiendo mucho. Es un documental del 2003 y narra la vida de  Jonathan Caouette (protagonista y director) durante veinte años en su casa de Texas. La madre empieza a tener problemas mentales, la casa se convierte en un caos y todo lo que sucede en esa familia es realmente trágico. Él lo filma desde dentro con las herramientas que tenía en ese momento. Cuando haces una película tienes que contar con productores, guionistas, iluminadores, sonidistas… Así es que eso me estimuló porque me di cuenta que se podía hacer un documental con poco medios y mucha pasión.

Vamos, con dinero

Efectivamente, así que decidí lanzarme a la aventura y seguir los que me dictaba el corazón.

Hiciste dos listas antes de ir allí, una de personas que conocías, otra con las que querías conocer. ¿L@s protagonistas estaban en alguna de esas listas o te las encontraste después?

Amanda Lepore estaba en la lista y a Sophia Lamar le conocí poco después. A Tara la conocí en Barcelona en un concierto que dio en la Sala La Paloma, de la cual yo llevaba la comunicación, y fue una de las primeras personas que llamé cuando me fui a Nueva York, porque tenía un discurso, una actitud y una fuerza en todo lo que hacía que me resultaba súper excitante. Tras dos años de rodaje apareció Chloe Dzubilo.

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Entre tantas horas que desechaste ¿no hay algo que ahora te hubiera gustado introducir?

Grabé muchas cosas muy interesantes y otras que no cumplían mis expectativas. Ten en cuenta que entrevistaba a gente de todo tipo. Pero sí que es verdad que he tenido que quitar material que era muy interesante porque se desviaba del foco de lo que yo quería contar.

Has elegido a personas que mediante el arte subliman su dolor, su ira y lo convierten en algo productivo para el alma. ¿Crees que les hacía bien o la falta de reconocimiento, de apoyo, de una visibilidad del underground les infligía más sufrimiento? Porque el underground no da para comer.

El underground no da de comer pero la fama tampoco da la felicidad. No hace falta ser súper famoso, salir en todas partes, ganar Emmy’s. Simplemente con el hecho de ser libres haciendo lo que les daba la gana ya es súper enriquecedor. Porque estaban sacando lo mejor de sí mismos y la verdad que tienen dentro. Que lo apliquen al arte es algo muy valioso. Porque ese tipo de arte prácticamente no tiene representación en los medios convencionales.

Que este grupo de personas, desde la marginalidad creando, consiguen abrir nuevos tracks, nuevos discursos. Y esto es de lo que se trata este documental. De abrir nuevos discursos.

Pero es imposible aprehender el auténtico underground.  Es como un fantasma muy difícil de capturar al que sólo puedes estudiar por las huellas que ha dejado tras de sí.

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Preséntanos en unas pinceladas a las cuatro protagonistas.

Para mí, Amanda Lepore y Sophia Lamar son el eslabón perdido entre la cultura más underground mítica de los 80’s y 90’s y los súper hits televisivos actuales como Rupaul’s Dragrace, que acaba de recibir un Grammy como mejor concurso de televisión en América. Ya formaban parte de la escena de los míticos club kids, salían, se disfrazaban, buscaban nuevas representaciones estéticas. Desde la marginalidad creaban una nueva manera de entender la noche. Es muy interesante en el caso de Sophia como ella rompe con los estereotipos. Ella actúa, canta, hace teatro, películas, desfila… Siempre se ha movido entre la alta cultura y el underground, siempre se mueve en esa franja. Me resulta interesante porque es una persona compleja…

¿Domar?

Hablamos de una personalidad muy poderosa, muy única y sobre todo imprevisible y eso creo que entronca muy bien con mi visión del documental y lo que quería contar. Que pienses que es de  una manera y resulte que es de otra y que tenga esa versatilidad. Que no sea blanco o negro, ver esa escala de grises tan importante y que se ve tan poco, en un tiempo en que la mayoría de las representaciones son maniqueas y tan estereotipadas, tener personas que den profundidad al conjunto son cada vez más necesarias.

Mostrarlas en profundidad ayuda a que el espectador sienta mayor empatía. Yo cuando me acerqué a ellas no lo hice como ‘personas transgénero’, me acercaba ellas como ‘personas’. Ha habido personas, con muy poco tacto, que me dicen: “Qué bien que estás haciendo una película de transexuales, está súper de moda, será un éxito”. Y la verdad que pienso que ni siquiera la etiqueta trans debería existir, el hecho de sentirse de un género diferente ha existido desde los inicios de la Humanidad. El problema no está en el emisor. Eres tú como receptor de esa información el que debe abrir su mente.

Chloe Dzubilo, una de las protagonistas, es una figura muy relevante e inexplorada. En los años 80 contrajo VIH e hizo de eso su lucha. Por ejemplo cuando actuaba con las Transisters en clubes míticos como el Pyramid Club hacían unos flyers en los que con su propia sangre escribían “Somos trans y tenemos SIDA. ¡A ver si te atreves a venir a vernos!”. Eso rebosaba pura actitud punk… y mucho más allá.

Chloe luchó y sobrevivió a la epidemia. Es increíble cómo hay personas que han sobrevivido a todo esto y que no solo lo pueden contar sino que además actúan de forma activa para denunciar la hostilidad con la que se les trata, cómo aún hoy se les estigmatiza. La primera impresión fue la de que Chloe era una chica muy tranquila, una persona muy formal. Y cuando estaba en la sala de edición me di cuenta de lo punk y salvaje de su pensamiento y de su obra, de la relevancia, la importancia y, sobre todo, la necesidad, de figuras como la de Chloe Dzubilo.

Tiene que ser duro ser tan inteligente y ser consciente que estás perdiendo el control sobre tu cabeza…

Es muy duro y la medicación cada vez era más potente y convivir con eso… imagínate. Creo que su manera de relativizar su situación, su arma para luchar contra eso era crear, denunciar todo lo que le pasaba cuando iba al médico, lo mal que la trataban los doctores.

¿Y qué me dices de esa boda tan legal y subversiva a la vez?

Pues que fue una idea genial, dos personas transexuales casándose y que podían hacerlo porque en sus DNI seguían siendo hombre y mujer y hacerlo además de forma pública, seis años antes de que el matrimonio homosexual fuera legal en los Estados Unidos, haciéndolo ante una cámara… Eso es ser muy valiente.

Recuerdo una frase que no está en el montaje final, que eliminé. Cuando l@s contrayentes están reflexionando sobre su boda y les pregunté: “¿Os imagináis que esto fuera posible en vuestro pueblo?. Una de ellas me dijo :“Si se enteran en mi pueblo de esto…” . Luego le pregunté por el nombre del pueblo, lo dijo y su pareja le aconsejó: “No lo digas… que hay gente muy loca”. Hay un miedo real.

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Tiene que ser  un subidón acabar encontrándote con que los hermanos Carlos y Juan Antonio Bayona hayan querido sumarse al proyecto y que Warner Bros vaya a distribuir la película en salas de cine de toda España a partir del 9 de noviembre.

Nunca me planteé que esto llegara a salas de cine, nunca me plantee que los hermanos Bayona fueran a entrar en esto, nunca soñé que una major pudiese distribuir este documental. Es  una sensación muy buena. Me han preguntado si no tenía miedo de que al entrar estas grandes figuras de la industria se diluya ese underground. Pienso que es al contrario, lo que me interesa es la difusión de historias relevantes, diferentes, inspiradoras, de personas que tienen vidas no convencionales que pueden contribuir a mejorar los derechos civiles de las personas, gente que crea una sociedad mucho más justa, más civilizada.  Las cuatro protagonistas están en esa línea. Para mí, son un regalo venido del futuro que no estamos encontrando ahora con esta película. Y están ahí para inspirarnos, para crecer, para hacernos mejores.

A los hermanos Bayona les envié la película y en una semana me contestaron que estaban muy interesados en formar parte del proyecto. Acabar una película es una odisea y contar con su ayuda y su experiencia es una bendición. Que me hayan dado toda la libertad editorial y creativa y me hayan dejado decidirlo todo sobre mi película a mí me hace sentir muy feliz.

¿‘I love New York’ es una estado emocional, I hate New York’ es la destrucción de ese mito?

Más que enfrentarse a ese mito, se trata de cuestionar un discurso único. Porque creo que no hay Nueva York, hay muchas. Realmente puede llegar a ser una ciudad muy hostil y he querido reflejar también eso. He grabado siempre en invierno, generalmente de noche, para reforzar esa frialdad que tiene la ciudad.

Y para mí es un estado mental totalmente necesario. Me gustaría impulsar que la gente se replantee las cosas, se enfrente, sea inconformista… que si vive en un pueblo y siente de una manera que luche contra las barreras que tenga. Me encantaría que esta película llegara a muchas personas más allá del colectivo LGTBI. Porque dentro del colectivo esos valores parece que están más presentes, lo interesante es que lo vean personas mayores,  gente que no ha tenido acceso a estos discursos, a este tipo de representaciones  y para los que puede representar un shock interesante. Ojalá que I Hate New York les rompa prejuicios, les ayude a empatizar y vean que quizás el mundo no sólo sea solo como les habían contado hasta ahora.

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