2018

Entrevista equipo LAS HIJAS DEL FUEGO

Las hijas de fuego es una road movie porno lésbica, feminista y transgresora. Un pequeño ensayo, un gran poema sobre el derecho al placer y el territorio a descubrir que son los cuerpos femeninos de verdad. Y esos cuerpo tienen voz y tienen nombre: Disturbia RocíoMijal KatzowiczVioleta ValienteRana RzonscinskyCanela M. e Ivanna Colonna Olsen

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¿Cómo fue mostrar y compartir ante la cámara vuestros cuerpos tan íntimamente?

Disturbia: No fue difícil, ya tuvimos encuentros previos para conocernos íntimamente, hicimos talleres de BDSM, talleres para saber de qué manera acababa cada una, para tocarnos nuestras maravillosas conchas, nos tocamos todas juntas a la vez.

Canela: Hicimos como hacen los hombres cuando son adolescentes, fue hermoso.

Rena: Para las mujeres no es tan habitual, no es algo que este en nuestra construcción sentimental. No es como que te juntas con tus amigas a ver qué pasa, a verte el clítoris.

Mijal: No hemos tenido este tipo de educación sexual, y cultural sobre los cuerpos, al menos que yo recuerde. Incluso cuando vamos al baño, no es algo compartido, nosotras tenemos que estar en cubículos cerrados.

Canela: El ámbito privado está trasladado a todo, igual con la sexualidad.

Rena: eso habilitó que pudiéramos estar tranquilas juntas. Obviamente, el equipo entero de mujeres contribuyó a ese acercamiento, se creó una cosa de buena onda y confianza entre todas nosotras. En todo momento estaba presente eso de apoyarnos mutuamente, estar ahí disponibles.

Hay una frase al comienzo de la película que me ha impactado “la problemática no es mostrar los cuerpos sino cómo se muestra el paisaje físico, el paisaje emocional en las películas” todo se vuelve territorio.

Canela: El cuerpo se vuelve un territorio al que conquistar, que descubrir. Cada vez que empiezas una nueva relación ese territorio es un territorio inexplorado, no porque ya hayas conocido territorios otras veces significa que conozcas éste o que vas a encontrar lo mismo.

Disturbia: Cuando los colonizadores llegan a un lugar lo primero que hacen es violar a las mujeres. Esta es una forma diferente o incluso contraria de proponerlo que la colonial. Empleamos nuestros propios cuerpos desde una mirada diferente, no sólo de mujer sino también de lesbiana. Es todo lo contrario a la operación de conquista.

Además, totalmente relacionado a eso, están los modos de producción de la obra. No es solamente el resultado final sino cómo fue filmado, el proceso mismo de rodaje, la toma, la manera de mostrar la piel, la fricción de las mismas. Hay otra mirada que es totalmente distinta lo que imaginamos cuando dicen “porno de lesbianas”.

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¿Habladnos de vuestro background, de donde venís?

Rena: Todas venimos del performance, de la danza, del teatro… pero también nos dedicamos a otra cosa a tiempo completo, antropólogas, abogadas o trabajamos en el estado. Pero todas somos activistas feministas y eso sí que le da otra cosa.

Habéis dicho que todas sois activistas. ¿Hay alguna que haya empezado ahora?

Disturbia: yo vengo de antes.

Mijal: yo nunca participé en ningún colectivo, recientemente ahora he empezado pero siempre he sido feminista.

 Disturbia: En Buenos Aires, los últimos dos años también ha sido muchísimo más fácil empezar a agruparse y a organizarse, e ir de marchas y a luchar.

Canela: Ir de marchas y a eventos concretos te atraviesa mucho más fácil, si uno se siente tocado por ciertas ideas. Es muy fácil encontrar grupos. No hay que trabajar mucho para encontrar gente con la misma mentalidad.

Desde aquí vivimos muy de cerca lo que ocurre en Argentina con el tema del aborto, ¿no estáis muy enfadadas por ello?

Canela: eso es lo de menos, socialmente se ha ganado la lucha y dentro de poco va a suceder que todo cambie. Es un paso muy grande que se dio muy rápido.

Disturbia: el cambio que se dio fue maravilloso, estar allí medio millón de personas. Pero seguimos abortando igual, la ley es una cosa simbólica del estado. Seguimos abortando legalmente y sigue habiendo protocolos para ello.

Mijal: Tenemos una ley basada en supuestos, por lo que se ha convertido en algo más bien elitista, nosotras todas podemos hacerlo.

Disturbia: Hay muchas clínicas clandestinas donde puedes hacerlo, pero una de las problemáticas es que es un negocio.

¿Creéis que por ejemplo los premios LGBT ayudan a una película o la encorsetan?

Canela: Sí, la encorsetan pero de buena manera

Disturbia: Yo siento que es buenísimo ambas cosas. Obviamente una persona que hace una película de tema LGBT, va a ir a los festivales LGBT, va a tener un público y un interés que ayuda. Los premios suman pero importa más el boca a boca. La verdadera batalla hay que darla en otros espacios y romper en otros lugares. Lo otro es estar hablando con gente que ya está de acuerdo.

Lo importante es que Las Hijas del Fugo haya estado en BAFICI, en San Sebastián y en otros festivales, donde se habla de cine y de repente ingresan estas ideas, porque ahí es donde se hace política y se visibiliza. Si no es un regodeo en lo propio, de gente que habla del tema y es lindo pero no sé si es tan constructivo.

La ley en España es muy hetero-patriarcal, sabéis que vuestra película se puede emitir en España en el cine y en el festival porque, en España, no se considera porno todo aquello en lo que no haya una penetración de un pene en una vagina.

Canela: En teoría en Argentina también.

Disturbia: Corroborarlo Carri.

Entra Albertina Carri, directora de la criatura, sonríe y saluda a sus chicas y se sienta a platicar con nosotros.

Carri: Sí, sí, en general es así y se pudre por ayudas, sobre todo el porno. Pero se trata más de penetración sobre todo si es pene, pero el dildo también puede ser considerado como tal.

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¿Cómo crees que ha influenciado tu trabajo como directora de Asterisco en tu carrera como directora de cine y en la producción de tus películas?

Carri: Esta película tiene mucha relación con mi paso por Asterisco. Haber sido la directora del festival, pero más el haber sido programadora, me ha ayudado. Aprendí muchísimo porque vi cine sin parar y diría por qué yo tengo esa forma de intención.

Es un poco una idea de trabajar desde el no, es lo que me pasó con Asterisco. Donde pude ver muchas películas celebratorias del mundo gay, celebratorias del mundo trans, celebratorias de otros mundos donde todos se llevaban bien. Sin embargo, era dificilísimo ver una película que celebraba el mundo lésbico. Todas las películas lésbicas eran difíciles. Todas les iba mal: se llevaban mal con la novia, o con el padre, o con la madre, o con la tía, o con el hijo… pero realmente no aparecían situaciones donde las lesbianas estaban contentas y me dio mucha angustia. Yo lo he sufrido todo en la vida pero también lo paso bien, muy bien. Entonces me pareció que también había que dar cuenta de esa alegría, esa identidad y esa forma de vida, más cercana al revolucionario.

No hay nada más contagioso que la libertad y el goce. Entonces me pareció necesario hacer una película como ésta. Eso por un lado, por lo que se me disparó debido a la falta de material. Y luego, aprendí muchísimo porque pude ver muchísimo cine, un cine emergente, un cine que si no, no lo ves, no llega hasta Buenos Aires de otra manera. Pero ya no trabajo más en Asterisco. Trabajar en un festival es muy duro, no es part-time, es tu vida entera.

Cuando vimos la película para juzgarla para el premio latino, la vimos en pantalla pequeña pero hemos podido verla en pantalla grande y es una experiencia completamente diferente. Tú ya comentaste lo importante que es poder verla en público, compartir esa experiencia.

Carri: Claro que es importante. Parte de la experiencia de la película es que se vea en salas. No en el internet, por supuesto se acaba viendo en Internet, como toda película política en el mundo. Pero en principio la apuesta política de la película está en vivir esta experiencia de manera compartida.

Aquí el tema del porno está muy escondido tras la puerta. Es un tabú. ¿Cómo ha sido tu experiencia con tu audiencia al abrirte de esta manera?

Carri: Se ha pasado en el BAFICI, aquí y en algunas funciones especiales, particulares. Es una película que tiene un cierto público de nicho. Como he dicho anteriormente, es una película necesaria, es una película que hay muchas chicas, lesbianas sobre todo, esperando este tipo de material. Después de la función por ejemplo en La Plata, hubo una charla bastante vivaz que acabó con unas chicas cantado la “Olé Olé, Olé Olá. No soy amiga de tu mamá. Somos lesbianas, no paramos de garchar” y toda la sala de cine cantando eso. Muy hermoso y después me abrazaban todas las mujeres dándome las gracias por la película. Por otro lado, hubo muchas mujeres que se fueron de la sala, mucha gente se fue como ofendida. Un señor incluso decía “!qué horror!, ¡qué horror!”, el mundo que vio. Error es el suyo. También hubo una mujer que me dijo “puedo ver porno en mi casa, porque me hacéis verlo acá”.

Desde mi primera película “No quiero volver a casa”, una película en blanco y negro, amarga y de temática retrovertida en la que la gente lo pasa mal, la gente también se iba del cine pero eso es algo que también está bien porque yo no hago textos conformes para acomodar a nadie, al contrario. Pero no estoy ofendida por ello ni nada. Tiene que ver con este tipo de narración y encontrar formas de narrar que no corresponden a la mirada hegemónica del cine y de contar ciertas historias. No sé si es sólo por el sexo explícito y sus personajes. Estoy relatando algo desde un lugar de la resistencia, un lugar donde las relaciones feministas tienen muchas más posibilidades de lectura. Hay que recordar que hay mucha gente que está habituada a un solo modelo de cine que le dice lo que tiene que pensar a cada cosa y si a eso le sumamos la cuestión de la desnudez y del sexo lésbico pues se puede entender que les pueda sentar mal.

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