2019 Sebastiane Latino

Esto no es Berlín. Nostalgia por una década oscura

Al hil o de la película Esto no es Berlin una de las 6 candidatas finales del 7 Premio Sebastiane Latino le hemos pedido a Emmanuel Temores que nos hable del movimiento underground de los ochenta en México.

Emmanuel Temores es el Relaciones Públicas de la GuadalajaraPride y vicepresidente del InterPride (organizadora de las Pride LGTBI+ internacionales). Además de un gran conocedor de la cultura y contracultura mexicana de los últimos 30 años. Puedes leerle en su blog (emmanueltemores.tumblr.com)

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El movimiento underground de los ochenta en México

 Por Emmanuel Temores 

Siempre en Domingo, el programa de televisión que se transmitía los domingos por la tarde en cadena nacional, fue durante casi tres décadas la principal fuente de referencias musicales de los mexicanos. Una presentación en el show garantizaba también el éxito en la radio. En Siempre en Domingo cualquier expresión provocadora o persona non grata para su presentador Raúl Velasco (entiéndase como non grata para él, a una persona no heteronormada, punk y a hasta morena) estaba automáticamente vetada. Por ejemplo La Lambada, el hit internacional de la brasileña Kaoma fue despreciado por el programa en 1989.

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Las expresiones estéticas, musicales, artísticas y de la diversidad sexual no tenían cabida en el imaginario colectivo, pero estaban ahí, a veces muy escondidas.

Los primeros punks en México surgieron en Tijuana a inicios de la década de los ochenta. Eran jóvenes que constantemente viajaban a Estados Unidos y que comenzaron a adoptar la estética y la música punk. A mediados de los años ochenta y a inicios de los noventa, justo antes de convertirse en la primera ciudad afectada seriamente por la violencia del narcotráfico, Tijuana vivió una de las explosiones culturales más inusitadas de las que se tiene memoria. Surgieron los primeros fanzines, que iban del punk arcaico y anarquista con dibujos de horror y actitudes antisistema, con críticas hacia el desarrollo industrial. Del movimiento de literatura y poesía de contracultura, surgieron algunos de los escritores más prominentes y críticos de las siguientes décadas en México. Todo iba acompañado de un soundtrack y de shows de artistas locales y nacionales como Café Tacuva o Julieta Venegas con su primera banda Tijuana No. Grupos como Front 242, Sonic Youth, Sugarcubes, Nirvana o The Jesus and Mary Chain tocaron en Tijuana antes de ser muy famosos.

Sebastiane Latino. Fanzine de Tijuana, Contracultura Menor

Fanzine de Tijuana, Contracultura Menor. Cortesía de Emmanuel Temores-

Mientras tanto en la Ciudad de México y alrededores, desde 1971, el festival Avándaro (el “Woodstock mexicano”), existía una prohibición de conciertos masivos y era casi imposible que dieran permiso para que se realizarán. El movimiento punk de esa ciudad fue más contestatario que el de Tijuana, emergió principalmente desde zonas marginadas y de las periferias de la ciudad, y pretendía no adoptar tanto las referencias anglosajonas, cantaban en español. Por la dificultad de tocar en foros, las tocadas se organizaban en casas o en lugares privados y cerrados y se difundían a través de fanzines. Los temas centrales de sus canciones eran la violencia policial y las carencias económicas. Los estereotipos permeaban; el punk era criminalizado y violentado por la policía.

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Fanzine punk. Ciudad de México 1984. Cortesía de Emmanuel Temores

En 1980 hubo un acontecimiento que definió un cambio hacia una nueva época: la aparición del Tianguis Cultural del Chopo, un mercado callejero que reunió por primera vez las subculturas urbanas y musicales de la ciudad.

Terremoto 1985

En una esfera de diversión refinada de la Ciudad de México, florecía lo que a finales de los años setenta había dado inicio: la Zona Rosa, que poco a poco se convirtió en el ghetto gay por excelencia. El Nueve y El Metal fueron los dos sitios LGBTI y underground más emblemáticos de la Zona Rosa en los ochenta, en los que se coció posmodernidad, a través de imágenes, ideas sonidos y personas ya entradas en la globalización cultural. El Nueve y el bar Tutti Frutti fueron escenarios musicales de cajón de las bandas de las primeras bandas de synth-pop de México tales como Size y Casino Shanghai, y fue también la catapulta de bandas de new wave y rock en español como Las Insólitas Imágenes de Aurora, que después se convirtió en Caifanes, la agrupación más importante de rock mexicano formada en los años ochenta, con looks de pelo a la Roberth Smith.

7 Sebastiane Latino. Bar El Nueve.

Bar El Nueve. Del libro Tengo que morir todas las noches, crónica de los ochenta, el underground y la cultura gay

Usar verde los días jueves

En 1985 sucede un hecho que hunde más el bache político y social, y la crisis económica: el temblor del 19 de septiembre. En medio de la pesadilla colectiva, también se comenzaron a detectar los primeros casos de VIH en México. En 1983 se diagnosticó el primer caso y en 1985 ya había 32, muchos de estos casos se notificaron por partida doble o triple. De 1985 a 1995 fue una década oscura para las expresiones contraculturales y las minorías, que vio un poco la luz hasta finales de 1994 con el fin del sexenio presidencial de Carlos Salinas de Gortari, el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Canadá (y con ello un posible mejor intercambio cultural) y el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

7 Premios Sebastiane Latino. Casino Shangai. Banda synth pop mexicana de los ochenta.

Casino Shangai. Banda synth pop mexicana de los ochenta. Cortesia de Emmanuel Temores

El VIH detuvo en seco el trabajo y hasta la furia de los pocos colectivos de activistas LGBTI. En 1984 en Guadalajara, conocida como la capital gay de México, se pausaron las protestas de gays y lesbianas por más de una década, porque los activistas se dedicaron a atender de lleno el tema del VIH. Bares LGBTI, como el mítico Mónicas pasaron a ser de nuevo lugares clandestinos y objetos de redadas constantes. El VIH hizo que la vida gay fuera aún más estigmatizada. Los hombres gays se expresaban también a través de guiños y códigos de vestimenta, como usar prendas verdes los días jueves, o portar un pendiente de lado derecho.

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Crisalida. Revista gay de Guadalajara, 1984. Cortesía de Emmanuel Temores

Esto no fue Berlín

Tal parece que los años ochenta en México permanecen vivos. Sobre la calle de República de Cuba en el centro de la Ciudad de México hay un cluster con bares concurridos por personas LGBTI de todas las edades, son sitios más arrabaleros y libres, donde los ochentas y el reggaeton confluyen en armonía. Mientras en un bar suena Like a Virgin de Madonna para seguir de inmediato con J Balvin, en el bar de enfrente se escucha Viento de Caifanes.

Tito Vasconcelos, actor y dramaturgo. Foto agustín Márquez Castro

En la “ciudad monstruo” hay decenas de lugares donde se escucha new wave, high energy, punk, synth-pop, new romantic, techno y acid-house, los géneros musicales de la década del frizz en los peinados. La nostalgia por esta década no es parte de una moda, está instaurada ya en la vida nocturna de la capital de México. El presentador de televisión y referente de la cultura LGBTI mexicana contemporánea, Horacio Villalobos, dice que en México “vivimos de la nostalgia”, cuando se refiere a los artistas de música pop que no se han cansado de hacer remakes de sus propios éxitos, y que van acompañados de giras atiborradas.

 

“México ha suplantado a Miami y hasta a París en lo que a sentido de la fiesta se refiere”, escribe el francés Frédéric Martel en su libro Global Gay, en el cual describe la vida gay de varias ciudades del mundo. A pesar lo de los problemas que en la década actual aquejan a México, como la narcoguerra y la desigualdad social, las expresiones contraculturales y lo underground están en todos lados y su prohibición tiene poca cabida, sobre todo en las ciudades grandes.

Hari Sama y el equipo de actores de Esto no es Berlín

Hari Sama y el equipo de actores de Esto no es Berlín

Las vastas referencias en el cine y la literatura sobre los movimientos de contracultura y los movimientos underground de Nueva York, Madrid o Berlín hacen que muchas personas añoren la vida de las décadas pasadas es estos lugares. Quizá la la contracultura y la vida underground de los ochentas en Tijuana, la Ciudad de México o Guadalajara fue mejor de lo que se cree. Y aunque “Esto no fue Berlín”, Berlín y la Ciudad de México comparten actualmente una escena undergound fascinante, y la escena gótica más fuerte y vibrante del mundo.

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