2019

PEDRO Y SUS AMORES DONOSTIARRAS

ALMODOVAR CUMPLE 70 AÑOS, EL SEBASTIANE 20

Le hemos pedido a Alberto Berzosa celebrar estos dos aniversarios. Además no os podéis perder la exposición que desde Cuba llega a Donosti para rendirle homenaje. Y tenemos el honor de que su última película sea candidata al 20 Premio Sebastiane.
Nuevos Realizadores, Teatro Victoria Eugenis, 1980

Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, no es la primera película de Pedro Almovódar. Durante los años 70 hizo varios cortometrajes en formato súper 8. Eran obras, como Dos Putas, o historia de amor que termina en boda (1975), que rompían, desde la marginalidad del formato con todos los tabúes de una época respecto al sexo, la moral nacional-católica. Tampoco era la primera vez que el autor trabajaba con formatos profesionales, como el 35 mm, pues en 1976 ya había experimentado con él en el corto Muerte en la carretera. Ni siquiera fue su primer largometraje. Esta posición la tiene Folle, folle, folleme Tim, terminada en 1978, que además fue pasada de modo especial y fuera de concurso en el Festival de San Sebastián en 1993, de modo que es también su película más antigua vista por el público del festival.

Sin embargo, Pepi, Luci Bom y otras chicas del montón tiene un carácter inaugural en varios sentidos. Desde luego marca un antes y un después en la obra de Almodóvar, por ser la cinta que le dio visibilidad en el espacio cultural de la España de inicios de los 80. En la memoria colectiva de la transición (en los archivos de El País) se encuentra la imagen del director y Alaska subiendo las escaleras del Teatro Victoria Eugenia donde se programó la película dentro de una sección de nuevos realizadores del Festival de San Sebastián en 1980. El ascenso continuó desde entonces a lo largo de la década tanto en España como en el extranjero. Películas como como Entre tinieblas (1983), La ley del deseo (1987) o Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), significaron nuevos hallazgos y más pasos adelante en la construcción de una obra coherente y un estilo propio, pero el tono y el sabor de ese camino ya había quedado marcado por la historia de Pepi y su venganza tras sufrir una violación, así como por la relación lésbica y S/M de Luci y Bom. Tanto es así que incluso después de ver su última película, Dolor y Gloria, es sencillo establecer un diálogo atravesado, ¿cómo no?, por el peso del tiempo en torno a temas clave de su filmografía como las drogas, las subculturas y la disidencia sexual.

Para el mundo de la cultura y del cine en particular, Pepi, Luci Bom y otras chicas del montón también supuso un hito. Entre otras cosas, la película marcó (no ella sola, pero sí de un modo paradigmático) el fin de una tradición creativa muy vinculada al compromiso político antifranquista de sesgo mayoritariamente marxista más o menos ortodoxo, que había predominado con fuerza en la clandestinidad del franquismo y durante los primeros años de la transición a la democracia. Frente a este modelo, Almodóvar propuso con su primer largometraje comercial una obra superficial que hablaba de un nuevo sujeto social, urbano, joven, despolitizado (y sin conciencia de clase), superficial y preocupado por expresar su libertad a través de una imagen de cosmopolitismo hedonista. Con ello Almodóvar ayudó a abrir el espacio nuevo para la España deseante.

PELICULA LA LEY DEL DESEO CON ANTONIO BANDERAS

Este modelo popularizó un nuevo tipo de vanguardia lleno de contradicciones, que no estaba politizada según los términos clásicos, ni aspiraba a impugnar un poder dominante, sino que ponía en práctica y en imágenes a través de la pantalla un universo de libertad y tolerancia radical por el que deambulan tanto los personajes de Pepi,Luci, Bom y otras chicas del montón como las monjas de Entre Tinieblas. Entre otras cosas, estos imaginarios de la libertad radical se concretaron entonces en una actitud festiva ante las drogas, en la supresión de la familia clásica como núcleo fundamental de la sociedad y, sobre todo, en situar como nuevos referentes para el público a quienes representaban identidades sexuales y de género disidentes. Las primeras películas de Almodóvar mostraron a lxs españolxs un abanico amplio de herejías, desde la lluvia dorada de Bom a Luci, o la comuna de mujeres regentada por una monja politoxicómana bajo la orden de las Redentoras Humilladas, hasta el sexo anal explícito entre varones de La Ley del deseo. La España que mostraba Almodóvar en estas películas no era real, lo que se proyectaba en ellas era la imagen deseada, que quizás sí se correspondiera con su círculo social reducido, lo que quedaba de aquella escena entre hippie y underground de los 70 de la que provenía el director. A inicios de los 80 en términos generales las calles y las políticas oficiales no eran el espacio de tolerancia y libertad que reflejaban sus películas; varias polémicas tras los estrenos de Entre tinieblas o La ley del deseo dieron cuenta de ello. No obstante, estas películas se vieron, tuvieron éxito y en seguida se popularizaron. Esto facilitó que, al llegar a los ojos del gran público en sociedades en cambio, ilusionadas y deseantes como la española de los 80, el tipo de imaginarios que proponía Almodóvar pudiera influir en la apertura y el talante de dichas sociedades en el futuro y las empujarse a ser agentes de cambios políticos y culturales que antes se daban solo en el terreno de los deseos, pero con el paso de las décadas son vistos por amplias mayorías sociales como irrenunciables conquistas de/para todxs. Así ocurre en relación a los derechos, visibilidad y bienestar de gais, lesbianas, personas trans y bisexuales, en un país donde el peso de la tradición y de la Iglesia católica es tan fuerte. No es deseable pecar de triunfalistas. Más bien, al contrario, debemos seguir atentxs para no dar ni permitir pasos atrás, pero la evolución vivida en las calles y las políticas españolas durante las últimas décadas dan muestra, en mi opinión, de la fuerza transformadora del tipo de personajes e historias que Almodóvar ha puesto en marcha desde entonces.

Con el paso del tiempo parece justificado mirar alrededor y pensar cuántas de las actitudes, ideas, gestos y logros de la disidencia sexual a día de hoy fueron realidades en forma de imágenes deseantes que salieron de la cámara de Almodóvar. Llevamos casi cuatro décadas disfrutando de la lluvia dorada sobre nuestras cabezas y 21 películas desde aquella irrupción en el Festival de San Sebastián de 1980 son muchas para no estar segurxs de que podemos seguir imaginando futuro con y desde Almodóvar.

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